Just Vegetal

Ecología, Defensa Animal, Salud y Cocina Vegana

Archive for the ‘Ecología’ Category

La Felicidad de los Peces

leave a comment »

La Alegría de los Peces

Un día Chuang Tan y Hui Tzu estaban
atravesando por un remanso del río Hao

Chuang dijo: “¡Mira cómo saltan libres
y ágiles los peces! ¡Sienten verdadera felicidad!”

Hui replicó: “Puesto que no eres un pez:

¿Cómo sabes qué es lo que hace felices a los peces?”

Chuang dijo: “Ya que tú no eres yo, ¿cómo puedes saber
que no sé lo que hace felices a los peces?”

Hui argumentó: “Si yo, no siendo tú,
no puedo saber lo que tú sabes
se sigue que tú, no siendo un pez,
no puedes saber lo que ellos saben”

Chuang dijo: ¡Un momento!
volvamos a la pregunta original.
Tú me preguntaste esto:
“¿Cómo sabes qué es lo que hace felices a los peces?”
Por los términos de tu pregunta
tú evidentemente sabes que yo sé
qué es lo que hace felices a los peces.

“Yo conozco la alegría de los peces en el río
a través de mi propia alegría
cuando camino a lo largo del río”

*Chuawg Tzu, Poeta Chino Taoista 250 A.C

Written by justvegetal

febrero 11, 2010 at 12:21 am

Publicado en Ecología

Tagged with ,

El Espíritu del Agua

leave a comment »

El Espíritu del Agua

La pasión de Masaru Emoto

http://www.alcione.cl/nuevo/index.php?object_id=881

Entre los múltiples libros recientes dedicados al estudio del agua, destaca el trabajo microfotográfico del Dr. Masaru Emoto (22 de Julio, 1943), dedicado a este elemento esencial los últimos 11 años, y cuya amplia difusión a través de varios libros, abarca ya todo el orbe. En él, Emoto, con un título en Relaciones Internacionales (U. M. de Yokohama) y otro en Medicina Alternativa, demuestra iconográficamente cómo el agua reacciona con las más sutiles vibraciones de su entorno, mostrando insospechadas variaciones configurativas visibles en el congelamiento de una gota. Año tras año ha ido expandiendo sus experimentos y revelando evidencia que no sólo nos maravilla, sino que confirma que aún tras el velo químico, eléctrico o físico, el agua sigue siendo un gran misterio.

Muchas expresiones populares y proverbiales se refieren al agua de acuerdo a sus diversas posibilidades percibidas a través de la fe o de la observación de sus efectos: “fuente de vida”, “vital elemento”, “agua viva”, “aguas curativas”, “aguas benditas”, etc., siempre asociadas a la vida, la salud, la curación, la redención. El Dr. Emoto se propuso verificar si existían diferencias cualitativas entre estas diferentes aguas, desde la más corriente y químicamente tratada, de la red pública, hasta aquellas a las que se les atribuye propiedades curativas o milagrosas.

El método de Emoto considera el depósito de una gota del agua a observar en una placa de vidrio, que es congelada a -25º y observada al microscopio para luego fotografiar la forma cristalográfica obtenida. A pesar de que el laboratorio completo se mantiene a 5º bajo cero, el tiempo para tomar las fotografías no excede a los dos minutos, tiempo tras el cual el cristal comienza a deshacerse por el calentamiento producido por la luz del microscopio.

Los resultados obtenidos fueron mucho más lejos de lo que el propio Masaru Emoto podía suponer inicialmente. Descubrió que el agua no sólo reacciona a los agentes físicos, como la temperatura o la sequedad, sino que también a otros mucho más sutiles e intangibles como palabras, sonidos, sentimientos, pensamientos, imágenes, colores, etc., que afectaban la configuración de los cristales obtenidos.

La importancia del agua en nuestro planeta es evidente, pero, ¿tomamos realmente consciencia de ello cada día, a pesar de que nuestra subsistencia depende de ella? Es sabido que el cuerpo humano está constituido por alrededor de un 70% de agua. En los recién nacidos y niños pequeños este porcentaje es mucho mayor aún. Si consideramos que toda esa agua podría estar siendo modificada en su configuración por el efecto de ambientes polutos, palabras duras o agresivas, vibraciones dañinas y el sinnúmero de agentes perturbadores que nos rodean cotidianamente, el efecto potencial resulta casi inimaginable para nuestros cuerpos y sus irradiaciones resultantes, y nuestro bienestar global. Por el contrario, el contacto con la naturaleza, con la buena música, con entornos pacíficos, con sentimientos positivos, contribuyen a limpiar y reorganizar la mayoritaria parte acuosa de nuestra constitución, impidiendo que se establezca un círculo vicioso.

Porque la mayoría de la contaminación que corrompe el agua emana de nosotros mismos, tanto de nuestras emociones y pensamientos negativos como de nuestra indolencia en mantener un entorno y actitudes personales apacibles y limpias en las que permanecer algún tiempo del día, cotidianamente. ¿Es mera coincidencia la proliferación de los centros SPA (salud por agua) en todo el mundo?

El trabajo del Dr. Emoto ha encontrado bastantes reticencias en la comunidad científica, siendo criticado de falta de rigor científico y de la dificultad en reproducir los experimentos en condiciones fijas y establecidas mediante el procedimiento del doble ciego, de modo que el fotógrafo y sus propios sentimientos o estados anímicos no puedan afectar los resultados en una magnitud significativa. Aparentemente, el fotógrafo conoce a qué estuvo expuesta el agua cuyo cristal ahora observa, de modo que se le supone una expectativa que podría influir el resultado. Se lo acusa además de publicar sólo fotos seleccionadas de las múltiples que toma a cada cristal, y en general, de dar pocas explicaciones detalladas acerca de los métodos y procedimientos.

A pesar de estos detractores, válidos, creemos que el Dr. Emoto no es un científico nato, sino más bien un investigador apasionado en busca de evidencia y sentido. Y es innegable que, simbólicamente, las imágenes hablan por sí solas, y aunque puedan existir innumerables errores de método o interpretación, los resultados resultan impactantes y nos impulsan al menos a una detenida reflexión acerca de este elemento que damos por sentado y siempre disponible a granel en nuestro planeta.

El Agua es un elemento fundamental de la naturaleza. En ella surge la vida, tanto a nivel simbólico (“el Espíritu sobre la faz de las aguas”) como a nivel orgánico. Es el elemento en el que la vida no sólo nace, sino que también anida, como ocurre con el líquido amniótico en el que se desarrolla el feto de todos los mamíferos. El agua une los continentes, liga lo dispar, inunda todos los espacios disponibles acomodándose a la forma que lo recibe, siendo el elemento de contacto entre los elementos que le rodean.

Simbólicamente, el elemento agua, tanto en astrología como en psicología, representa a la psiquis, informe y omnipresente en la vida de los individuos, que incluye a las emociones en su octava menor, a los sentimientos en su octava mayor, además del pasado, los recuerdos, la vida arquetípica y simbólica. Cuando cualquier elemento toca el agua, como un guijarro lanzado a un estanque, las ondas se expanden a todo el continente, y del mismo modo las cosas que nos afectan, que nos recorren por completo en ondas de mayor o menor amplitud. Todo aquello que “nos toca” es aquello que tomó contacto con nuestra agua, de aquí la necesidad de su depuración, al ser nuestro principal objeto y elemento de transformación personal. Sólo el agua quieta y transparente puede mostrar sin distorsión el fondo y del mismo modo reflejar el cielo.

Físicamente, el agua tiene cualidades particulares, como que al helarse se expande, incluso antes de cristalizar. Y cuando se encuentra en estado sólido, congelada, se hace más liviana, de modo que flota por sobre el remanente líquido. El estado más denso del agua es el estado líquido. En ocasiones extraordinarias, el agua puede fluir en contra de la gravedad, como en las llamadas aguas artesianas. Gramaticalmente, el agua es una palabra femenina, pero se habla de “el agua” y “las aguas”, comportándose, en este sentido, como andrógina, al menos en español. Todas estas características suscitan evocaciones y provocan asociaciones, al extrapolarlas a lo psíquico. En un sentido más trascendente, el Agua se asocia al Alma como el núcleo de la encarnación. Y el Alma, tal como el agua, conserva la información incorporada por la experiencia, que resulta lo más asombroso del elemento químico. Aún cuando se evapore y desaparezca como forma física, mantiene la información que almacena. Este sería uno de los fundamentos de las aguas curativas.

El congelamiento de una gota de agua pura en condiciones naturales forma un núcleo hexagonal regular, que puede “crecer” o engalanarse con otros atributos según las cualidades del agua que se trate. Curiosamente, el Dr. Emoto no ha podido hasta el momento obtener cristales del agua de mar. De los cristales formados, los más bellos son aquellos formados a partir de agua de vertiente o manantial; por el contrario, las aguas estancadas o polutas pueden producir hexágonos incompletos o aún no cristalizar en absoluto. Sin embargo, los experimentos han mostrado que incluso al agua más contaminada puede incorporársele información que modifique la estructura y vuelva a formar hermosos cristales.

Esta información incorporada puede provenir de las más variadas fuentes como sentimientos positivos, colores, música, piedras preciosas o semipreciosas, la oración, la devoción, etc. Porque la conclusión fundamental de la evidencia mostrada en estos trabajos es que el agua es el elemento más receptivo que existe, lo que ya se sabía desde la antigüedad. Así pues, un agua poluta o “muerta” puede ser revertida en su corrupción.

Los experimentos han mostrado que si bien las peores formas se obtienen a partir de las aguas pantanosas o estancadas, las que difícilmente forman cristales, el agua clorada de la red pública tampoco produce formas bellas, y muchas veces los cristales no resultan completos o regulares. Las formas más hermosas, delicadas y llenas de detalles que maravillarían a un experto joyero, se producen en forma natural a partir de agua tomada de vertientes o manantiales.

Ante estas imágenes cualquier explicación sobra, y sin embargo, el misterio se mantiene. Emoto ha mostrado que el contacto del agua con elementos tan simples como la palabra “gracias”, o “amor” podía transformar los cristales obtenidos. Se ha observado que las fases lunares influyen la formación de los cristales, al igual que la posición de los planetas cercanos. Curiosamente, los resultados no son iguales si las palabras son dichas o mostradas en un idioma que en otro. La exposición del agua a cierta música, a ciertos colores, o incluso fotos de paisajes, también modificaría positivamente los cristales resultantes. Del mismo modo, la agresividad o la violencia era capaz de suprimir la capacidad de cristalizar, como se vio en las experiencias de exponer al agua a los insultos o a la música heavy metal.

Podemos ir constatando los efectos de nuestro lenguaje cotidiano sobre el 70% que nos constituye. Por más sesgo que pueda haber en los experimentos, hay efectos constatables. No sólo las palabras duras que decimos a otros, sino las que nos decimos constantemente a nosotros mismos cuando las cosas no salen como esperábamos, y que nos predisponen a establecer círculos viciosos repetitivos. Sólo imaginemos las configuraciones que podría adquirir nuestra agua personal frente a las formas en las que nos castigamos a diario por no ser perfectos. Tanto en el caso de la influencia negativa como de la positiva sobre el agua, tal vez no sean las palabras las que agreguen atributos al sencillo hexágono basal, sino la intención ofensiva o amorosa de quien las escribe o emite. Es decir, el agua personal de quien ejecuta la acción en contacto con la gota observada, en cuyo caso el resultado sería tanto o más impresionante. El hecho de que los resultados no puedan ser reproducidos en forma exacta, esto es, que no puedan establecerse mecánicamente situaciones iguales, resulta mucho más sugerente desde el punto de vista del significado, aunque carezcan de “rigor científico”.

La memoria del agua
Es universalmente conocido que la molécula de agua se forma de dos átomos de hidrógeno, de carga eléctrica positiva, y uno de oxígeno de carga negativa. Esta molécula no es regular ni simétrica, presentando un polo positivo y uno negativo; de esta forma se une a otras moléculas de agua mediante puentes de hidrógeno, formando agregados moleculares de más o menos magnitud denominados “cluster”. Aparentemente, esta forma de “agregarse” de las distintas moléculas individuales es la que varía de acuerdo a la información o vibración circundante (ya que la molécula inicial es siempre igual), y de este modo se conservaría la información. El cluster producido en determinadas circunstancias ambientales se seguiría agregando de forma similar aún cuando fuera evaporada y luego condensada en un nuevo matraz. Cada vibración induciría una forma de agregarse distinta de las moléculas, conservando en el tiempo esa vibración específica producto de esa agregación, la que constituye su estado energético, medible en forma de frecuencias vibratorias.

Esta es la base de la Homeopatía fundada por el intuitivo Dr. S. Hahnemann (1755-1843), quien obtenía productos activos sobre la base de una dilución tan exhaustiva de los productos, que no podía encontrarse rastro de ellos en el resultado final, lo que evidentemente desafiaba a la medicina convencional. Lo que Hahnemann hacía era recoger sólo la información del producto y “almacenarla” vibracionalmente en el agua, actuando así a un nivel completamente esencial sobre la enfermedad, y libre de los efectos adversos de los medicamentos que mantienen los productos químicos en forma directa.

Principios similares de esencialidad guían las terapias florales como las del Dr. E. Bach y otras como las de Findhorn que ni siquiera cosechan las flores o plantas curativas, sino que sólo exponen el agua de manantial a su influjo bajo la luz del sol o de la luna. En estas medicinas no se hace diferencia entre la salud del cuerpo y la del alma, y tanto la jaqueca como la melancolía pueden encontrar su tratamiento y cura. Si asociamos esta medicina esencial a las fotografías del Dr. Emoto, encontraremos completa coherencia en estos fundamentos.

Esta memoria del agua sería la que aporta las cualidades curativas a ciertas aguas termales y fuentes naturales conocidas desde la antigüedad en todos los rincones del orbe. Es sabido que muchos lugares de culto y veneración religiosa, o de aparición de figuras sagradas, se asocian al surgimiento de fuentes de aguas, vertientes y manantiales. Existen leyendas asociadas a estas fuentes en todos los continentes. Aparentemente, las cualidades curativas estarían determinadas por dos factores. Por una parte, a que se trataría de aguas profundas, y por lo tanto muy antiguas, que contendrían una gran cantidad de información en sus clusters. Y por otra parte, la cualidad observada de estas aguas, que aún en contacto con entornos polutos o substancias contaminantes, no dejarían de formar cristales al ser congeladas. Es decir, en cierta forma, aguas tan antiguas y “sabias”, que resultarían incorruptibles.

Pero el misterio persiste. ¿Cuál sería la influencia de la fe? ¿De la intención? ¿Habría una alimentación recíproca de “anhelos”? ¿Hasta qué punto el observador modifica o crea lo observado, o es modificado por la observación, al encontrar un nuevo sentido, una nueva comprensión, una esperanza? Parece plausible suponer una interacción con efectos mutuos.

En la creación, la forma es producto de la resistencia al impulso inicial, creador. Si no hubiera resistencia, el impulso original seguiría un curso lineal hasta el agotamiento de su energía propulsora, como el lanzamiento de una saeta sin destino. En un curso de agua, el fluido adquiere forma de la misma manera, al encontrar una resistencia, como por ejemplo, una roca; entonces se vuelve sobre sí misma y forma una turbulencia o un remolino. Y esto aporta ‘experiencia’ al agua, dotándola de nueva información. Lo mismo le ocurre a nuestra agua: cuando no hay resistencia, no hay aprendizaje, y poca consciencia. Obsérvese la diferencia entre el hexágono básico de un agua destilada, y los hermosos cristales del agua de manantial, que constituyen su ‘valor agregado’. Dice el físico Fred A. Wolf que en el caso del cerebro, el agua misma –que es su 85%- constituye una resistencia a los impulsos eléctricos, más sutiles: “esto podría significar que nuestros cerebros no podrían funcionar sin agua como instrumentos de memoria, y que la consciencia no tendría lugar sin la resistencia que presenta el agua a la actividad eléctrica del cerebro” (La Mente en la Materia, pág. 152, Gaia Edic., Madrid, 2006). La reflexión sobre estos datos suscita una serie de sugerencias y evocaciones inconmensurables para nuestra consciencia y vida humanas.

El sacerdote Jürgen Fliege, coautor de uno de los libros del Dr. Emoto ( El Poder Curativo del Agua, Ed. Obelisco, Barcelona, 2006) y entusiasta difusor de esta nueva forma de comprender el agua, se inquiere: “¿Qué es un bautismo sin agua? ¿Dónde está el hombre nuevo si no limpiamos al viejo? ¿Cómo es que no nos hemos dado cuenta de la importancia del agua, de cuán santa y santificativa es? ¿Dónde quedan el respeto y el honor al agua? Los grandes maestros ya enseñaban que la bendición y el sacramento sólo se realizan donde el verbo se concurre con el agua.” Cita a Lutero: “‘ El verbo debe concurrir con el elemento para convertirse en un sacramento’, un acto santo, purificador… “

“Cuando el espíritu se reúne con el agua de la vida, se vence el caos y empieza la creación. Sin embargo, nosotros, los religiosos, sólo cuidábamos el espíritu, despreciando el agua… ¿Qué fuerza tiene el agua?, y ¿qué misterio nos oculta? Esta no es sólo una cuestión de los físicos y médicos. En el fondo es una cuestión espiritual, porque en las ceremonias de los sacerdotes el agua ha sido desde el principio algo más que un ayudante y mensajero entre el cielo y la tierra. En lo religioso y espiritual, el agua es la madre de todo chamanismo. Desde los inicios de la creación, el agua dispone su viaje al cielo, aparentemente imposible para el simple mortal. Allí informa de las nuevas de la Tierra y sus hijos, como si fuera un chamán o un sacerdote, regresa y trae consigo nueva vida. Otra vez en la Tierra y dentro de ella, es recibida en el manantial por los sacerdotes, que perciben la nueva vida y lo que conlleva. No en vano construyeron sus primeros santuarios junto a los manantiales. En el fondo, el circuito de la vida siempre ha sido el circuito del agua.” Y agrega: (Las lágrimas) “no sólo aparecen cuando estoy triste, también brotan cuando he conectado con el flujo de mi propia vida. Las lágrimas son el agua amniótica de una nueva vida. La vida también bautiza sin sacerdote; sólo importa que haya agua”.

Masaru Emoto añade: “En el budismo y en el sintoísmo, las dos religiones que han marcado nuestra manera de pensar en Japón, la idea de reencarnación es totalmente natural. Esta representación de una evolución cíclica, este pensamiento en espiral, corresponde también al viaje de una gota de agua. Una gota fluye de manera líquida, se evapora y así cambia de forma. Sigue siendo agua, pero no la misma agua que antes. Sin embargo, tanto la información como todo el saber que nos transmite se conservan perfectamente cuando congelamos agua. La evaporación corresponde, podríamos decir, a la muerte: nuestro cuerpo se deshace, cambiamos de forma. La información que ha recibido el alma, todo lo que hemos vivido y aprendido es conservado. Ahora, mi alma comienza su propio viaje, continúa desarrollándose y madurando hasta que llegue el momento de reencarnarse en esta Tierra.”

A consecuencia de sus observaciones, Emoto está convencido de que cada pensamiento, sentimiento, palabra y acto nuestro emite una vibración que afecta a nuestro entorno, y en particular al agua, y por tanto es posible ejercer una influencia positiva y depuradora en nuestro entorno y en nosotros mismos, contribuyendo a purificar todo lo que nosotros mismos hemos contaminado. Con este propósito, ha declarado al 25 de Julio como el “día mundial del amor y de la gratitud al agua”, el que puede hacerse extensivo a los días 25 de cada mes, de modo de reunir las buenas intenciones y plegarias dirigiendo pensamientos amorosos y de gratitud al agua en el estilo y la forma que cada cual prefiera: oraciones de la religión de cada uno, visualizaciones de luz y/o amor derramándose sobre las aguas, etc. Para potenciar el efecto, propone hacerlo en tres horarios: 7, 13 y 19 hrs. del horario local, en ese día. La idea es de doble efecto, pues mientras se contribuye a depurar las aguas planetarias, se purifican al mismo tiempo las propias aguas, al experimentar estos sentimientos positivos.

Isabel De Veer

Cataratas de Iguazú entre Argentina y Brasil

Cataratas de Iguazú entre Brasil y Argentina

Written by justvegetal

agosto 12, 2009 at 8:09 pm

Piensa Como Una Montaña

with one comment

lago_entre_montanasPiensa Como Una Montaña

http://www.alcione.cl/nuevo/index.php?object_id=823

Antropocentrismo o chauvinismo humano – la idea que los seres humanos son la cumbre de la creación, el origen de todos los valores, la medida de todas las cosas – está profundamente absorbida en nuestra cultura y conocimiento.

“Y el temor de ti y el terror de ti estará sobre toda bestia de la tierra,
y sobre toda ave del aire, y sobre todo lo que se mueve sobre la tierra,
y sobre todos los peces del mar; en tus manos son librados”. (Génesis 9:2)

Cuando los humanos finalmente comienzan a ver a través de las capas de su antropocéntrica autoestima comienza a tener lugar un profundo cambio en sus consciencias. Algunas veces el resultado ha sido nominado como “ecología profunda”, un término acuñado por el filósofo y eco-activista noruego Arne Naess.

Cuando abrazamos este punto de vista, la alienación disminuye. El humano deja de ser un extraño, un ser aparte. La humanidad es entonces reconocida meramente como el más reciente estado de nuestra existencia, y en la medida en que dejamos de identificarnos exclusivamente con este capítulo de nuestra evolución, comenzamos a tomar contacto con nosotros como mamíferos, como vertebrados, como una especie sólo recientemente emergida del bosque lluvioso. A medida que la niebla de la amnesia se dispersa, hay una transformación en nuestra relación con las otras especies y en nuestro compromiso por cuidar de ellas.

Lo que aquí se describe no debería ser visto como puramente intelectual. El intelecto es un punto de entrada al proceso delineado y el más fácil para comunicarlo. Para alguna gente, sin embargo, este cambio de perspectiva resulta de accciones en representación de la Madre Tierra.

“Yo estoy protegiendo el bosque lluvioso” se transforma en “Yo soy parte del bosque y me estoy protegiendo a mí mismo. Soy esa parte del bosque lluvioso recientemente emergida al pensamiento”. Este cambio de perspectiva es más espiritual que intelectual.

Con esta nueva perspectiva de la creación, comenzamos a recordar nuestra verdadera naturaleza. A medida que la memoria mejora y que las implicaciones de la evolución y de la ecología son internalizadas y reemplazan anticuadas estructuras antropocéntricas en la mente, comenzamos a identificarnos con toda vida. De ahí resulta el darse cuenta de que la distinción entre “vida” y “sin vida” es una construcción humana. Cada átomo del cuerpo humano existía antes que la vida orgánica existiera hace cuatro mil mil millones de años. Uno podría incluso recordar sus existencias previas como mineral, como lava, como roca.

Las rocas contienen el potencial para combinarse en un bulto como este cuerpo. Somos las rocas danzando. ¿Porqué las miramos hacia abajo con ese aire condescendiente? Son ellas las que son la parte inmortal de nosotros.

Si nos embarcamos en tal viaje interior podemos encontrar, volviendo a la realidad consensual, que nuestras acciones en representación del medio ambiente son purificadas y fortalecidas por la experiencia.

Hemos encontrado aquí un nivel de nuestro ser que ni las polillas, ni el moho, ni el holocausto nuclear, o la destrucción de los bancos de genes, pueden corromper. Nuestro compromiso para salvar el mundo no es disminuido por esta nueva perspectiva, aún cuando el miedo y la ansiedad que eran parte de nuestra motivación comienzan a disiparse y a ser reemplazado por cierto desinterés. No actuamos solamente porque la vida está en juego, sino porque las acciones desde una consciencia desinteresada y más desapegada son más efectivas. Este desinterés o desapego tienen mucho en común con la meditación. Y puesto que la mayoría de los activistas no tiene mucho tiempo para meditar, esta perspectiva comienza a ser un sustituto efectivo. De hecho, más y más maestros de meditación están abrazando la “ecología profunda”.

Según Naess, “la esencia de la ecología profunda es hacer preguntas más profundas…. Nos preguntamos cuál sociedad, cuál educación, cuál forma de religión es beneficiosa para toda vida sobre el planeta como una totalidad”.

De todas las especies que alguna vez han existido, se estima que menos de una en cien existe hoy en día. El resto llegó a extinguirse porque, a medida que el medio ambiente cambia, toda especie que es incapaz de adaptarse, de cambiar, de evolucionar se extingue. Toda evolución tiene lugar en esta forma. De esta manera nuestro antecesor, un pez hambriento de oxígeno, empezó a colonizar la tierra. La amenaza de extinción es la mano del alfarero que modela todas las formas de vida.

La especie humana es una entre millones amenazada de inminente extinción a través de la guerra nuclear, el efecto invernadero, la destrucción de la capa de ozono, y otros cambios ambientales. Y mientras es cierto que la “naturaleza humana”, revelada por 12.000 años de historia escrita, no ofrece mucha esperanza de que podamos cambiar nuestras guerras codiciosas e ignorantes conductas, la extensamente más larga historia de los fósiles nos asegura que podemos. Somos ese pez y las miríadas de otros desafíos de la muerte a través de proezas de flexibilidad que nos son reveladas por el estudio de la evolución. A pesar de lo reciente de nuestra “humanidad”, se nos garantiza una cierta confianza.

Desde este punto de vista, la amenaza de extinción aparece como la invitación al cambio, a evolucionar. Después de un breve respiro desde la mano del alfarero, estamos aquí de vuelta otra vez sobre la rueda. El cambio que se necesita de nosotros esta vez no es alguna resistencia a la radiación, sino un cambio en la consciencia. La ecología profunda es la búsqueda de esa consciencia.

Seguramente la consciencia emergió y evolucionó de acuerdo a las mismas leyes que rigen todo lo demás, moldeada por presiones del medio ambiente. En el pasado reciente, cuando fue enfrentada a la intolerable presión ambiental, la mente de nuestros antecesores debe haber sido una y otra vez forzada a trascenderse a sí misma.

Para sobrevivir a nuestra actual crisis medioambiental, debemos recordar conscientemente nuestra herencia evolucionista y ecológica. Debemos aprender de acuerdo con Arne Naess a pensar como una montaña.

Si estamos abiertos a desarrollar una nueva consciencia, debemos hacer frente plenamente a nuestra inminente extinción (la última presión medioambiental). Jonathan Schell explica bellamente esto en su libro “El Destino de la Tierra”. Significa reconocer la parte de nosotros que se desvía de la verdad y se oculta en la intoxicación o en la hiperactividad, para no ver la desesperación de la especie humana que ya corrió su carrera de cuatro mil millones de años y cuya vida orgánica está sólo a un pelo de terminar.

Una perspectiva biocéntrica, el darnos cuenta que las rocas quieren danzar y que las raíces penetran más profundo que cuatro mil millones de años, puede darnos el coraje para enfrentar la desesperación y penetrar hacia una consciencia más viable, una que sea sostenible y armónica con la vida otra vez.

John Seed

Traducido y extractado por Carmen Bustos de
John Seed.- Thinking Like a Mountain.-Heritic Books

Written by justvegetal

julio 22, 2009 at 10:48 am

La Ética del Comer

leave a comment »

La ética del comer
por Peter Singer

Encontrado en:

http://www.uva.org.ar/eticadelcomer.html


Se ha predicho que el consumo mundial de carne se duplicará para el año 2020. Sin embargo, en Europa y América del Norte existe una creciente preocupación sobre la ética de cómo se producen la carne y los huevos. El consumo de ternera ha caído drásticamente desde que se conoció que para producir la así llamada ternera “blanca” (en realidad, rosa pálido), las crías recién nacidas son separadas de sus madres, deliberadamente se las vuelve anémicas, se les niega el acceso a forraje y se las mantiene en establos tan estrechos que no pueden caminar ni cambiar de orientación.

En Europa, la enfermedad de las vacas locas dejó impactada a mucha gente, no sólo porque hizo pedazos la imagen de la carne de vacuno como un alimento sano y seguro, sino porque se supo que la causa de la enfermedad fue la práctica de dar como alimento sesos y tejido nervioso de ovejas al ganado vacuno. Quienes ingenuamente creían que las vacas comían pasto descubrieron que el ganado vacuno obligado a comer en lotes de alimentación come desde maíz hasta pescado, residuos de pollo (incluidos sus excrementos) y desechos de los mataderos.

La preocupación sobre cómo tratamos a los animales está lejos de limitarse al pequeño porcentaje de personas que son vegetarianas y veganas, es decir, que no comen ningún producto animal. A pesar de los sólidos argumentos éticos del vegetarianismo, todavía no es una posición generalizada. Más común es la opinión de que se justifica comer carne, siempre y cuando los animales tengan una vida decente antes de que se los mate.

El problema, como Jim Mason y yo lo describimos en nuestro reciente libro The Way We Eat , es que la agricultura industrial niega a los animales incluso una vida mínimamente decente. Decenas de miles de millones de pollos producidos en la actualidad nunca salen al aire libre. Se los cría para que tengan apetitos voraces y engorden lo más rápido posible, y luego se los coloca en cobertizos que pueden contener más de 20.000 aves. El nivel de amoníaco de sus excrementos acumulados hace el aire tan alcalino que provoca picazón en los ojos y daña los pulmones. Cuando se los mata, con apenas 45 días de vida, sus huesos poco desarrollados apenas pueden soportar el peso de sus cuerpos. Algunos caen y mueren al poco tiempo, incapaces de lograr acceso a los alimentos o el agua; su destino es irrelevante para la economía de la empresa como un todo.

Las condiciones son peores (si es posible imaginarlo) para las gallinas ponedoras, embutidas en jaulas de alambre tan pequeñas que incluso si hubiera una por jaula sería incapaz de estirar las alas. Pero por lo general hay al menos cuatro gallinas por jaula, y a menudo más. En condiciones tan atestadas, lo más probable es que las aves más dominantes y agresivas terminen matando a picotazos a las gallinas más débiles de la jaula. Para evitar esto, los productores cortan los picos de las aves con una cuchilla caliente. El pico de las gallinas está lleno de tejido nervioso -después de todo, es su principal medio de relacionarse con su entorno- pero no se usan anestésicos ni analgésicos para aliviar su dolor.

Es probable que los cerdos sean los animales más inteligentes y sensibles que comemos normalmente. Al forrajear en un pueblo rural, pueden ejercitar esa inteligencia y explorar su variado ambiente. Antes de parir, las puercas usan paja u hojas y ramitas para construir un nido cómodo y seguro en el que cuidar a sus lechones.

Sin embargo, en las granjas industriales de hoy las puercas preñadas son mantenidas en cajas tan estrechas que no pueden darse vuelta o caminar más de un paso hacia adelante o atrás. Yacen sobre concreto, sin paja, hojas ni ninguna otra forma de lecho para sus crías. Los lechones les son arrebatados lo antes posible, para que puedan quedar preñadas nuevamente; su destino es no salir nunca del cobertizo, excepto para ser llevadas al matadero.

Los defensores de estos métodos de producción argumentan que son una respuesta lamentable pero necesaria a la demanda de alimentos de una población en crecimiento. Por el contrario, cuando confinamos animales en granjas industriales, tenemos que producir alimentos para ellos. Los animales queman la mayor parte de esa energía de los alimentos en el proceso de respirar y mantener tibios sus cuerpos, de modo que a nosotros nos llega una pequeña fracción -por lo general no más de un tercio, y a veces hasta un décimo- del valor nutritivo con que los alimentamos. En contraste, las vacas que pastan consumen un alimento que nosotros no podemos digerir, lo que significa que son un aporte a la cantidad de alimentos a nuestra disposición.

Es trágico el hecho de que países como China e India, a medida que se vuelven más prósperos, estén copiando los métodos occidentales y poniendo a los animales en enormes granjas industriales para suministrar más carne y huevos a sus crecientes clases medias. Si esto continúa, el resultado será un sufrimiento animal a una escala incluso mayor que la que hoy existe en Occidente, así como más daño al medio ambiente y un aumento en las enfermedades cardiacas y los casos de cáncer al sistema digestivo.
También será un sistema enormemente ineficiente. Como consumidores, tenemos el poder -y la obligación moral- de negarnos a apoyar métodos agropecuarios que son crueles con los animales y perjudiciales para nosotros.


Peter Singer es profesor de Bioética en la Universidad de Princeton y autor,
junto con Jim Mason, de The Way We Eat: Why Our Food Choices Matter.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

Agradecemos la autorización para publicar este artículo a Project Sindícate
www.project-syndicate.org

Written by justvegetal

julio 10, 2009 at 4:16 pm

Un Día en el Santuario de Rescate de Animales de Granja

with one comment

Un Día en el Santuario de Rescate de Animales de Granja
IVU News – Num. 3 – 1998English

‘El Progreso es la realización de Utopías.’ – Oscar Wilde

La emocionante experiencia de pasar un día en el campo en el Santuario de Rescate de animales de Granja dirigido por veganos en Cambrideshire, Reino Unido -con animales rescatados del maltrato, enfermedad o animales rechazados por sus antiguos dueños quienes los consideraban sin el suficiente valor como para merecer el costo de cuidados veterinarios ni si quiera de una muerte sin dolor- me permitió la oportunidad única de conocer a los animales individuales para disfrutar de su fascinante personalidad.

Los animales, felizmente inconscientes de lo que hubiera sido su destino -ni siquiera tras su muerte seguirán aquel camino- reciben la atención medica necesaria y una vez que han recuperado la salud responden a sus nombres y disfrutan de su vida al máximo.

Financiado totalmente por donaciones y adopciones porque el deshacer el trabajo de los explotadores de animales no es considerado como beneficencia y por lo tanto no es deducible de impuestos. El santuario es hogar de 500 animales que tuvieron la suficiente suerte de haberse librado del cuchillo del carnicero y de las condiciones de vida inhumanas y el trato degradante que les toca vivir a casi todos los de su especie. Los niños, en particular, adoran el esquema de adopción y las fotos y cartas que reciben de sus animales adoptados.

Entre los posibles adoptados están (ver fotos) Wiggy, un enorme, tierno y gentil cerdo que se convirtió en mi indiscutible opción cuando interrumpió su descanso para venir a saludarme mientras los veía. Sin embargo, si ese travieso fugitivo, en particular -que fue encontrado cansado y hambriento, corriendo en la carretera- no se convierte en tu preferido, una visita a la granja te dará la oportunidad de conocer ese animal tan especial que te conquistará: Mickey, un adorable carnero, le encanta un buen masaje; Miss Piggy, una comilona concienzuda, interrumpió brevemente su comida para decir hola; Geraldine, una gentil oveja que disfruta de la compañía de los humanos pero prefiere mantenerse a distancia. Gromit un guapo ternero; Remus, un carnero con tres patas, aparentemente inconsciente de su incapacidad, rescatado de un transportador con una pata severamente rota que no se pudo salvar; Sarah, una oveja que no mereció el sustento al no poder embarazarse una vez más; Luckdragon, una dulce pequeña oveja nacida prematuramente, y encontrada en unos matorrales cuando su madre fue ahuyentada por unos cazadores; y muchos muchos más.

Ya sea por la fama, por la fortuna, o por la satisfacción de necesidades reales o imaginarias, cuando comparamos la perspectiva común de una Utopía de los humanos -como una versión modificada del mundo artificial antropocéntrico que conocemos y hemos ayudado a construir- con el equilibrio delicado de la relación simbiótica entre animales no humanos con su entorno, sus fuentes de comida y complejos sistemas sociales, su más ardiente deseo, seguramente debe ser la visión de un planeta sin ninguna señal de vida humana o uno poblado por aquellos como los dedicados voluntarios que dirigen los santuarios donde son cuidados, cuyo amor y atención llenan sus vidas con todo el sentido y propósito que pierden al ser convertidos en máquinas productoras de carne, leche o lana.

Los animales no-humanos no deben pagar el precio que los humanos, por no poder lograr nuestro propio potencial como individuos compasivos y conscientes, capaces de extender nuestros límites éticos, les imponemos. Nuestra responsabilidad moral debe ser, por lo tanto, demostrarles que aquellos realmente interesados pueden establecer una verdadera diferencia al desafiar los hábitos empedernidos e ideas que limitan los confines éticos existentes que perpetúan la esclavitud animal y las necedades autodestructivas que amenzan con derrumbar los valores sociales esenciales y la calidad y propósito de nuestras vidas.

Francisco Martín

‘Para mi, la vida de un cordero no es menos preciosa que la de un ser humano.’
– Mohandas Gandhi
‘Ya nunca jamás matará al cordero que le mire a la cara.’
– Percy Bysshe Shelley

geraldine
Geraldine
mickey
Mickey
gromit
Gromit
Miss Piggy
Miss Piggy

Wiggy

Written by justvegetal

junio 26, 2009 at 10:54 pm

Ecología Profunda

leave a comment »

ECOLOGÍA PROFUNDApaisaje

por Bill Devall y George Sessions

publicado en:

http://www.alcione.cl/nuevo/index.php?object_id=202

Vivir como si la Naturaleza importara

El término “Ecología Profunda” fue acuñado por Arne Naess y se refiere a un
enfoque profundo y espiritual sobre la naturaleza, el que se deriva de una
apertura más sensitiva hacia nosotros mismos y hacia la vida que nos rodea. La
esencia de la ecología profunda brota, pues, naturalmente, del hecho de
preguntarnos en profundidad sobre la vida humana, la sociedad y la naturaleza.

La ecología profunda es mucho más que una aproximación fragmentaria a los
problemas medioambientales, una aproximación que intenta articular una visión
religiosa y filosófica comprehensiva sobre el mundo. Sus fundamentos hay que
buscarlos en aquellas intuiciones y experiencias con respecto a nosotros mismos
y a la naturaleza que surgen espontáneamente de la conciencia ecológica junto a
ciertas visiones naturales sobre la política y la sociedad.

La mayor parte de sus temas de interés son los tópicos que han preocupado a la
filosofía y a la religión de todos los tiempos. ¿Qué significa ser un individuo
único? ¿Cómo puede el ser individual conservar y potenciar su singularidad sin
dejar de participar en un sistema global en el que no existe discontinuidad
entre el ser y el otro? Una perspectiva verdaderamente ecológica puede conducir
a aquello que Theodore Roszac denomina “el despertar de una totalidad que es
algo más que la suma de sus partes. El espíritu de tal disciplina es, pues,
contemplativo y terapéutico.”

La conciencia ecológica y la ecología profunda se hallan en abierta
contradicción con la visión del mundo imperante en las sociedades
tecnocrático-industriales que consideran que los seres humanos estamos aislados
y separados y que debemos ejercer nuestro poder sobre el resto de la creación.
Esta visión del ser humano como una especie superior que se halla separada de la
naturaleza es una manifestación de un patrón cultural que ha venido obsesionando
a la cultura occidental desde hace miles de años, el concepto de “dominio”: el
dominio de la humanidad sobre la naturaleza, de lo masculino sobre lo femenino,
de los ricos y los poderosos sobre los pobres, y, en suma, de la cultura
occidental sobre la cultura oriental.

La conciencia ecológica profunda, por su parte, nos permite ir más allá de estas
ilusiones erróneas y peligrosas. Según la ecología profunda, el estudio de
nuestro lugar en el planeta Tierra nos obliga a reconocernos como parte de una
totalidad orgánica. Pero ir más allá de la estrecha visión
científico-materialista de la realidad nos obliga a fundir sus aspectos
materiales y espirituales. Los líderes intelectuales más destacados de la visión
del mundo imperante han tendido a considerar a la religión como una “mera
superstición” y, en consecuencia, han subrayado la subjetividad de las antiguas
prácticas espirituales y de la iluminación. La conciencia ecológica profunda,
por su parte, constituye la búsqueda de una conciencia y de un estado de ser más
objetivo mediante un cuestionamiento activo profundo, un proceso meditativo y un
estilo de vida.

En el contexto de las diferentes tradiciones espirituales -cristianismo,
budismo, taoísmo e iglesia nativa americana, por ejemplo- son muchas las
personas que se han planteado en profundidad estos interrogantes y que han
cultivado la conciencia ecológica y, si bien estas tradiciones difieren en
muchos aspectos, todas ellas coinciden, sin embargo, en lo que respecta a los
principios fundamentales de la ecología profunda.

El filósofo australiano Warwick Fox ha expresado sucintamente que la intuición
central de la ecología profunda “es la idea de que no podemos establecer ninguna
división ontológica definitiva en el campo de la existencia. En la realidad no
existe ninguna diferencia radical entre el dominio humano y el dominio no
humano… mientras sigamos percibiendo este tipo de fronteras no alcanzaremos a
comprender qué cosa es la conciencia ecológica profunda.”

A partir de esta intuición fundamental característica de la conciencia ecológica
profunda, Arne Naess ha desarrollado dos “normas últimas” -dos intuiciones que
no se derivan de ningún otro principio o intuición- a las que sólo puede
accederse mediante un proceso de cuestionamiento que nos revela la importancia
del nivel filosófico y religioso. Estas intuiciones, sin embargo, no pueden ser
verificadas mediante la metodología de la ciencia moderna, basada en premisas
mecanicistas y en una definición excesivamente estrecha de los datos. Se trata
de “la autorrealización y la igualdad biocéntrica”.

Autorrealización:
La norma de la autorrealización propuesta por la ecología profunda está
relacionada con las grandes tradiciones espirituales de la mayor parte de las
religiones del mundo y trasciende la noción occidental moderna que define al ser
como un ego aislado cuyo impulso primario estriba en la gratificación hedonista
o en una idea muy limitada de salvación individual en esta vida o la siguiente.
El crecimiento y el desarrollo espiritual comienza cuando dejamos de concebirnos
y de vernos a nosotros mismos como egos aislados que se hallan en oposición y
nos abrimos a la identificación con otros seres humanos, comenzando por nuestra
propia familia y siguiendo con nuestros amigos hasta terminar abrazando a toda
la especie humana. Sin embargo, la ecología profunda va un paso más allá de esta
identificación con la humanidad y subraya también la necesidad de llegar a
identificarse con el mundo no humano. Debemos, pues, aprender a mirar más allá
de las creencias y presupuestos de nuestra sociedad contemporánea, más allá de
la sabiduría convencional de nuestra época y lugar, y esto sólo puede lograrse
mediante un proceso meditativo de cuestionamiento profundo. Sólo de este modo
podremos alcanzar la plena madurez de nuestra personalidad y de nuestra
singularidad.

Una sociedad nutricia y no dominante puede resultar sumamente útil en el
“trabajo real” de llegar a convertirnos en personas íntegras. Este “trabajo
real” puede ser definido simbólicamente como la realización del “ser en el
Ser”(entendiendo por “Ser” la totalidad orgánica) y también podríamos resumir en
una frase el proceso del pleno desarrollo del ser diciendo: “Yo no puedo
salvarme mientras no lo hagan todos los individuos”, (y entendiendo aquí por
individuo no sólo al individuo humano sino -además de toda la humanidad- a las
ballenas, los osos pardos, los ecosistemas de los bosques húmedos, las montañas,
los ríos y el más diminuto de los miocrobios).

Igualdad biocéntrica:
La intuición de la igualdad biocéntrica afirma que todas las cosas tienen el
mismo derecho a vivir, crecer y alcanzar sus propias formas individuales de
expresión y autorrealización dentro del marco superior de la Autorrealización.
Esta intuición básica se resume en la idea de que todos los organismos y
entidades que pueblan la ecosfera participan de la misma totalidad
interrelacionada y que, por consiguiente, tienen el mismo valor intrínseco.

Este concepto de igualdad biocéntrica está estrechamente relacionado con la
noción de Autorrealización omni-inclusiva en el sentido de que, si dañamos a la
naturaleza, en realidad nos estamos dañando a nosotros mismos. Desde este punto
de vista, todo está interrelacionado y no existe frontera alguna. Pero, en la
medida en que percibimos las cosas en tanto que entidades u organismos
individuales, esta intuición nos conduce a respetar a todos los individuos
-humanos y no humanos – como parte de la totalidad sin sentir la necesidad de
establecer un orden jerárquico entre las distintas especies que se halle
coronado por el ser humano.

Las implicaciones prácticas de esta intuición, o de esta norma, nos invitan a
vivir causando el menor impacto posible sobre las otras especies y sobre el
planeta en general. Entonces veremos otro de los aspectos de este principio
fundamental: simple en medios y rico en objetivos.

En tanto que individuos y comunidades humanas tenemos necesidades vitales que
van mucho más allá de la satisfacción de nuestras necesidades básicas -como el
alimento y el abrigo, por ejemplo- necesidades entre las que se incluyen también
el amor, el juego, la expresión creativa, la relación con un determinado paisaje
(o con el conjunto de la naturaleza), la relación íntima con los demás seres
humanos y la necesidad vital del desarrollo espiritual para llegar a devenir
seres humanos maduros.

Es muy probable que nuestras necesidades vitales materiales sean mucho menores
de lo que generalmente creemos. La abrumadora publicidad de las sociedades
tecnocrático-industriales alimenta falsas necesidades y deseos destructivos que
sólo sirven para aumentar la productividad y el consumo, lo cual, de hecho, no
hace sino impedirnos afrontar de manera directa, objetiva y desde el principio,
la necesidad de llevar a cabo un “trabajo real” de crecimiento y maduración
espiritual.

La mayor parte de las personas no se sienten partícipes de las ideas propugnadas
por la ecología profunda, pero reconocen, sin embargo, nuestra necesidad vital –
y, en realidad, la necesidad vital que tiene toda forma de vida- de vivir en un
entorno natural de calidad, generando la menor cantidad posible de residuos
tóxicos, evitando la contaminación nuclear, el smog y la lluvia ácida y
manteniendo los suficientes bosques como para poder permanecer en contacto con
nuestras fuentes, con los ritmos naturales y con el flujo del tiempo y el
espacio.

Las normas últimas propuestas por la ecología profunda se apoyan en una visión
de la naturaleza, de la realidad y del lugar que ocupamos como individuos
(múltiples en la unidad) en el esquema global de las cosas. Dichos principios no
pueden ser abordados de un modo meramente intelectual sino que tan sólo pueden
ser aprehendidos experiencialmente. El cuadro que presentamos a continuación
resume la diferencia existente entre la visión del mundo predominante en nuestra
sociedad y la visión que nos propone la ecología profunda.

Visión del mundo predominante Ecología profunda
Dominio sobre la Naturaleza. Arpelicanosmonía con la Naturaleza.
Entorno natural como fuente de provecho. Toda forma natural tiene valor
intrínseco/igualdad biocéntrica.
Crecimiento económico/material en pos del crecimiento de la población.
Necesidades materiales simples (los objetivos materiales se hallan supeditados a
la meta superior de la autorrealización).
Creencia de que los recursos son inagotables Bienes terrenales finitos
Progreso y soluciones de carácter exclusivamente tecnológico Tecnología
adecuada, ciencia no-dominante
Consumismo Hacer con lo suficiente, reciclaje

Extractado por Farid Azael de
Trascender el Ego
Editado por Roger Walsh y Frances Vaughan
Kairós.

Written by justvegetal

junio 23, 2009 at 10:20 am

Vegetarianismo: Un imperativo ético y ecológico

leave a comment »

Vegetarianismo:
Un imperativo ético y ecológico

Conferencia de Francisco Martín en Tailandia e India
DanskEnglishIVU News – Issue 1-96ItalianoRomâna
http://www.ivu.org/spanish/news/1-96/ethical.html


La agresión, competitividad y el materialismo de la vida moderna, así como su carencia de valores éticos y espirituales, han causado daños no sólo a nuestra salud sino también a nuestro medio ambiente. Nuestras vidas y placeres se están volviendo tan artificiales y carentes de sentido como nuestras relaciones sociales y nuestro alimento, porque rehusamos a reconocer que para mantener una mente sana y un cuerpo saludable debemos rechazar todo alimento animal. Mas aún, la producción de estos alimentos es una amenaza creciente para toda estructura de vida en este planeta, ya que daña los complejos y delicados sistemas biológicos de los que toda vida depende y de los que nosotros también dependemos para nuestro sustento y bienestar físico y mental.

panda]

El creciente número de desastres ambientales y las constantes atrocidades éticas y ecológicas cometidas contra los animales, los humanos y la naturaleza son una clara evidencia de que el sistema de creencias comúnmente aceptado, basado en la explotación ilimitada de los organismos vivientes y su entorno, no sólo está moralmente mal sino que es físicamente insostenible. Esto nos llama a una acción determinada e inmediata para detener la destrucción masiva de vida y hábitat que está envenenando la tierra, el aire, y el agua, que está trastornando la armonía de los ecosistemas naturales que amenaza la supervivencia misma de todas las comunidades humanas.

El aire fresco y los alimentos ricos en fibra son tan esenciales para nuestra salud y bienestar como la necesidad de amar, ser amados y ser aceptados por nuestros semejantes. Sólo podremos disfrutar completamente de la vida si desarrollamos nuestro potencial humano y alimentamos nuestras mentes y cuerpos con lo necesario para satisfacer todas nuestras necesidades fisiológicas y espirituales. Debemos asegurar las condiciones ambientales justas para que la vida en este planeta prospere y evolucione, sin obstáculos como la interferencia masiva, contaminación y destrucción, que actualmente son causados por la conducta anormal y depredadora del humano.

Las divisiones irracionales basadas en la nacionalidad, raza, especie o religión causan un sin fin de violencia y conflictos que tradicionalmente han servido de excusa para deshumanizar, satanizar o clasificar arbitrariamente a los seres sensibles como amigo o enemigo, camarada o paria, comestible o no comestible, y en este parámetro otorgarles o privarles de respeto, estatus social y hasta de la vida misma. Dependiendo de si son considerados como amigos, enemigos o esclavos, humanos y no humanos, pueden ser respetados y amados, matados y comidos, intercambiados o descartados. Toda su existencia puede ser categorizada a su antojo, como única y preciosa o sin valor y sin sentido según los conceptos irracionales de la guerra o del cruel abuso implicado en la éticamente absurda y fisiológicamente anormal explotación de los animales para alimento y para la miríada de productos innecesarios y dañinos a la salud obtenidos del sinnúmero de víctimas que sufren y mueren como resultado de la crueldad y avaricia humana.

Sin embargo, aún para el caníbal, la matanza requiere de alguna forma de dispensa religiosa o justificación. La víctima es categorizada como poco menos que humana, sucia, sin valor o de estatus social inferior. Por lo que es claro que la matanza no es un acto humano natural y originalmente debió haber sido una aberración traumática tanto para nuestra especie como para cualquier otro animal carnívoro.

Un creciente número de especies nuevas, exóticas e inclusive genéticamente alteradas están siendo explotadas actualmente, con la ganancia como factor principal. La última moda en occidente es la crianza de avestruces. Su carne y plumas son ofrecidas para tentar los apetitos depravados y demandas frívolas de los consumidores ignorantes e insensibles. La total indiferencia por el bienestar de estos seres sensibles y hermosos demuestran el inexorable deterioro en los valores éticos que degradan la vida humana reduciendo al mundo que nos rodea a un matadero y un basurero.

Cuando la vida es considerada como un producto a comerciar de acuerdo con las fuerzas del mercado, el resultado inevitable es la esclavitud humana. Los adultos y los niños son explotados para satisfacer el mismo mercado internacional que demanda la exterminación de especies enteras como el tigre, el elefante, y el rinoceronte para alimentar el comercio con pedazos de animales muertos que los ignorantes y crédulos son estimulados a dotar con propiedades medicinales imaginarias. En términos humanos, es imposible justificar, ya sea ética o fisiológicamente, la dependencia irracional de la matanza de otros seres para satisfacer los caprichos culinarios de los humanos, ya que ni nuestras mentes ni nuestros cuerpos están adaptados para consumir los restos podridos de los animales masacrados.

Como nosotros, las víctimas de estas matanzas sufren las vicisitudes de la vida y la incertidumbre de la muerte, pero sus vidas no son valoradas por aquellos que no pueden comprender el significado del amor o del respeto por la vida. Por lo tanto, miles de millones de seres sensibles son explotados sin motivo, viviendo y muriendo con temor y miserablemente mientras sus crueles e insensibles ejecutores los preparan para acabar como un producto insalubre para el consumidor, consumidor que prefiere sacrificar su salud y bienestar espiritual para depender de la explotación y muerte de otros, en lugar de disfrutar de buena salud y felicidad mientras defiende el derecho de vida y felicidad de todas las otras criaturas sin hacer distinciones ridículas basadas en la raza, credo o especie.

Para terminar con tanta ignorancia y avaricia, para frenar la locura del bioicidio de otras especies, para preservar la compleja biodiversidad de los bosques tropicales y otros ecosistemas amenazados y para estar en paz con la nuestra y otras especies, debemos apartarnos de nuestro camino actual, que amenaza con destruir no sólo a nosotros mismos sino a todo el planeta y a todos con quienes lo compartimos. Para recobrar nuestro sentido de respeto y compasión, debemos liberarnos del ambiente de egoísmo, de la indiferencia al sufrimiento que distorsiona nuestro verdadero potencial humano, que nos ciega a las crueldades innecesariamente infligidas a un sinnúmero de seres vivientes, de la miseria humana y violencia que proviene de nuestra conducta como falsos e impenitentes depredadores.

Si respetamos la habilidad de la tierra para alimentar a todos los humanos con plantas y frutas diseñadas para nuestro cuerpo, podemos prescindir de la deforestación, desertificación y por consiguiente de la hambruna y guerras territoriales. Si respetamos el derecho de vida y felicidad de todos los habitantes del mundo, humanos y no humanos, debemos prescindir de la esclavitud y de las obscenas matanzas en los mataderos. Entonces y sólo entonces, recobraremos el respeto a nosotros mismos, nuestra compasión y nuestro legítimo lugar en el esquema de las cosas.

Written by justvegetal

noviembre 11, 2008 at 6:11 pm