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Piensa Como Una Montaña

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lago_entre_montanasPiensa Como Una Montaña

http://www.alcione.cl/nuevo/index.php?object_id=823

Antropocentrismo o chauvinismo humano – la idea que los seres humanos son la cumbre de la creación, el origen de todos los valores, la medida de todas las cosas – está profundamente absorbida en nuestra cultura y conocimiento.

“Y el temor de ti y el terror de ti estará sobre toda bestia de la tierra,
y sobre toda ave del aire, y sobre todo lo que se mueve sobre la tierra,
y sobre todos los peces del mar; en tus manos son librados”. (Génesis 9:2)

Cuando los humanos finalmente comienzan a ver a través de las capas de su antropocéntrica autoestima comienza a tener lugar un profundo cambio en sus consciencias. Algunas veces el resultado ha sido nominado como “ecología profunda”, un término acuñado por el filósofo y eco-activista noruego Arne Naess.

Cuando abrazamos este punto de vista, la alienación disminuye. El humano deja de ser un extraño, un ser aparte. La humanidad es entonces reconocida meramente como el más reciente estado de nuestra existencia, y en la medida en que dejamos de identificarnos exclusivamente con este capítulo de nuestra evolución, comenzamos a tomar contacto con nosotros como mamíferos, como vertebrados, como una especie sólo recientemente emergida del bosque lluvioso. A medida que la niebla de la amnesia se dispersa, hay una transformación en nuestra relación con las otras especies y en nuestro compromiso por cuidar de ellas.

Lo que aquí se describe no debería ser visto como puramente intelectual. El intelecto es un punto de entrada al proceso delineado y el más fácil para comunicarlo. Para alguna gente, sin embargo, este cambio de perspectiva resulta de accciones en representación de la Madre Tierra.

“Yo estoy protegiendo el bosque lluvioso” se transforma en “Yo soy parte del bosque y me estoy protegiendo a mí mismo. Soy esa parte del bosque lluvioso recientemente emergida al pensamiento”. Este cambio de perspectiva es más espiritual que intelectual.

Con esta nueva perspectiva de la creación, comenzamos a recordar nuestra verdadera naturaleza. A medida que la memoria mejora y que las implicaciones de la evolución y de la ecología son internalizadas y reemplazan anticuadas estructuras antropocéntricas en la mente, comenzamos a identificarnos con toda vida. De ahí resulta el darse cuenta de que la distinción entre “vida” y “sin vida” es una construcción humana. Cada átomo del cuerpo humano existía antes que la vida orgánica existiera hace cuatro mil mil millones de años. Uno podría incluso recordar sus existencias previas como mineral, como lava, como roca.

Las rocas contienen el potencial para combinarse en un bulto como este cuerpo. Somos las rocas danzando. ¿Porqué las miramos hacia abajo con ese aire condescendiente? Son ellas las que son la parte inmortal de nosotros.

Si nos embarcamos en tal viaje interior podemos encontrar, volviendo a la realidad consensual, que nuestras acciones en representación del medio ambiente son purificadas y fortalecidas por la experiencia.

Hemos encontrado aquí un nivel de nuestro ser que ni las polillas, ni el moho, ni el holocausto nuclear, o la destrucción de los bancos de genes, pueden corromper. Nuestro compromiso para salvar el mundo no es disminuido por esta nueva perspectiva, aún cuando el miedo y la ansiedad que eran parte de nuestra motivación comienzan a disiparse y a ser reemplazado por cierto desinterés. No actuamos solamente porque la vida está en juego, sino porque las acciones desde una consciencia desinteresada y más desapegada son más efectivas. Este desinterés o desapego tienen mucho en común con la meditación. Y puesto que la mayoría de los activistas no tiene mucho tiempo para meditar, esta perspectiva comienza a ser un sustituto efectivo. De hecho, más y más maestros de meditación están abrazando la “ecología profunda”.

Según Naess, “la esencia de la ecología profunda es hacer preguntas más profundas…. Nos preguntamos cuál sociedad, cuál educación, cuál forma de religión es beneficiosa para toda vida sobre el planeta como una totalidad”.

De todas las especies que alguna vez han existido, se estima que menos de una en cien existe hoy en día. El resto llegó a extinguirse porque, a medida que el medio ambiente cambia, toda especie que es incapaz de adaptarse, de cambiar, de evolucionar se extingue. Toda evolución tiene lugar en esta forma. De esta manera nuestro antecesor, un pez hambriento de oxígeno, empezó a colonizar la tierra. La amenaza de extinción es la mano del alfarero que modela todas las formas de vida.

La especie humana es una entre millones amenazada de inminente extinción a través de la guerra nuclear, el efecto invernadero, la destrucción de la capa de ozono, y otros cambios ambientales. Y mientras es cierto que la “naturaleza humana”, revelada por 12.000 años de historia escrita, no ofrece mucha esperanza de que podamos cambiar nuestras guerras codiciosas e ignorantes conductas, la extensamente más larga historia de los fósiles nos asegura que podemos. Somos ese pez y las miríadas de otros desafíos de la muerte a través de proezas de flexibilidad que nos son reveladas por el estudio de la evolución. A pesar de lo reciente de nuestra “humanidad”, se nos garantiza una cierta confianza.

Desde este punto de vista, la amenaza de extinción aparece como la invitación al cambio, a evolucionar. Después de un breve respiro desde la mano del alfarero, estamos aquí de vuelta otra vez sobre la rueda. El cambio que se necesita de nosotros esta vez no es alguna resistencia a la radiación, sino un cambio en la consciencia. La ecología profunda es la búsqueda de esa consciencia.

Seguramente la consciencia emergió y evolucionó de acuerdo a las mismas leyes que rigen todo lo demás, moldeada por presiones del medio ambiente. En el pasado reciente, cuando fue enfrentada a la intolerable presión ambiental, la mente de nuestros antecesores debe haber sido una y otra vez forzada a trascenderse a sí misma.

Para sobrevivir a nuestra actual crisis medioambiental, debemos recordar conscientemente nuestra herencia evolucionista y ecológica. Debemos aprender de acuerdo con Arne Naess a pensar como una montaña.

Si estamos abiertos a desarrollar una nueva consciencia, debemos hacer frente plenamente a nuestra inminente extinción (la última presión medioambiental). Jonathan Schell explica bellamente esto en su libro “El Destino de la Tierra”. Significa reconocer la parte de nosotros que se desvía de la verdad y se oculta en la intoxicación o en la hiperactividad, para no ver la desesperación de la especie humana que ya corrió su carrera de cuatro mil millones de años y cuya vida orgánica está sólo a un pelo de terminar.

Una perspectiva biocéntrica, el darnos cuenta que las rocas quieren danzar y que las raíces penetran más profundo que cuatro mil millones de años, puede darnos el coraje para enfrentar la desesperación y penetrar hacia una consciencia más viable, una que sea sostenible y armónica con la vida otra vez.

John Seed

Traducido y extractado por Carmen Bustos de
John Seed.- Thinking Like a Mountain.-Heritic Books

Written by justvegetal

julio 22, 2009 at 10:48 am

Un Día en el Santuario de Rescate de Animales de Granja

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Un Día en el Santuario de Rescate de Animales de Granja
IVU News – Num. 3 – 1998English

‘El Progreso es la realización de Utopías.’ – Oscar Wilde

La emocionante experiencia de pasar un día en el campo en el Santuario de Rescate de animales de Granja dirigido por veganos en Cambrideshire, Reino Unido -con animales rescatados del maltrato, enfermedad o animales rechazados por sus antiguos dueños quienes los consideraban sin el suficiente valor como para merecer el costo de cuidados veterinarios ni si quiera de una muerte sin dolor- me permitió la oportunidad única de conocer a los animales individuales para disfrutar de su fascinante personalidad.

Los animales, felizmente inconscientes de lo que hubiera sido su destino -ni siquiera tras su muerte seguirán aquel camino- reciben la atención medica necesaria y una vez que han recuperado la salud responden a sus nombres y disfrutan de su vida al máximo.

Financiado totalmente por donaciones y adopciones porque el deshacer el trabajo de los explotadores de animales no es considerado como beneficencia y por lo tanto no es deducible de impuestos. El santuario es hogar de 500 animales que tuvieron la suficiente suerte de haberse librado del cuchillo del carnicero y de las condiciones de vida inhumanas y el trato degradante que les toca vivir a casi todos los de su especie. Los niños, en particular, adoran el esquema de adopción y las fotos y cartas que reciben de sus animales adoptados.

Entre los posibles adoptados están (ver fotos) Wiggy, un enorme, tierno y gentil cerdo que se convirtió en mi indiscutible opción cuando interrumpió su descanso para venir a saludarme mientras los veía. Sin embargo, si ese travieso fugitivo, en particular -que fue encontrado cansado y hambriento, corriendo en la carretera- no se convierte en tu preferido, una visita a la granja te dará la oportunidad de conocer ese animal tan especial que te conquistará: Mickey, un adorable carnero, le encanta un buen masaje; Miss Piggy, una comilona concienzuda, interrumpió brevemente su comida para decir hola; Geraldine, una gentil oveja que disfruta de la compañía de los humanos pero prefiere mantenerse a distancia. Gromit un guapo ternero; Remus, un carnero con tres patas, aparentemente inconsciente de su incapacidad, rescatado de un transportador con una pata severamente rota que no se pudo salvar; Sarah, una oveja que no mereció el sustento al no poder embarazarse una vez más; Luckdragon, una dulce pequeña oveja nacida prematuramente, y encontrada en unos matorrales cuando su madre fue ahuyentada por unos cazadores; y muchos muchos más.

Ya sea por la fama, por la fortuna, o por la satisfacción de necesidades reales o imaginarias, cuando comparamos la perspectiva común de una Utopía de los humanos -como una versión modificada del mundo artificial antropocéntrico que conocemos y hemos ayudado a construir- con el equilibrio delicado de la relación simbiótica entre animales no humanos con su entorno, sus fuentes de comida y complejos sistemas sociales, su más ardiente deseo, seguramente debe ser la visión de un planeta sin ninguna señal de vida humana o uno poblado por aquellos como los dedicados voluntarios que dirigen los santuarios donde son cuidados, cuyo amor y atención llenan sus vidas con todo el sentido y propósito que pierden al ser convertidos en máquinas productoras de carne, leche o lana.

Los animales no-humanos no deben pagar el precio que los humanos, por no poder lograr nuestro propio potencial como individuos compasivos y conscientes, capaces de extender nuestros límites éticos, les imponemos. Nuestra responsabilidad moral debe ser, por lo tanto, demostrarles que aquellos realmente interesados pueden establecer una verdadera diferencia al desafiar los hábitos empedernidos e ideas que limitan los confines éticos existentes que perpetúan la esclavitud animal y las necedades autodestructivas que amenzan con derrumbar los valores sociales esenciales y la calidad y propósito de nuestras vidas.

Francisco Martín

‘Para mi, la vida de un cordero no es menos preciosa que la de un ser humano.’
– Mohandas Gandhi
‘Ya nunca jamás matará al cordero que le mire a la cara.’
– Percy Bysshe Shelley

geraldine
Geraldine
mickey
Mickey
gromit
Gromit
Miss Piggy
Miss Piggy

Wiggy

Written by justvegetal

junio 26, 2009 at 10:54 pm