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La Felicidad de los Peces

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La Alegría de los Peces

Un día Chuang Tan y Hui Tzu estaban
atravesando por un remanso del río Hao

Chuang dijo: “¡Mira cómo saltan libres
y ágiles los peces! ¡Sienten verdadera felicidad!”

Hui replicó: “Puesto que no eres un pez:

¿Cómo sabes qué es lo que hace felices a los peces?”

Chuang dijo: “Ya que tú no eres yo, ¿cómo puedes saber
que no sé lo que hace felices a los peces?”

Hui argumentó: “Si yo, no siendo tú,
no puedo saber lo que tú sabes
se sigue que tú, no siendo un pez,
no puedes saber lo que ellos saben”

Chuang dijo: ¡Un momento!
volvamos a la pregunta original.
Tú me preguntaste esto:
“¿Cómo sabes qué es lo que hace felices a los peces?”
Por los términos de tu pregunta
tú evidentemente sabes que yo sé
qué es lo que hace felices a los peces.

“Yo conozco la alegría de los peces en el río
a través de mi propia alegría
cuando camino a lo largo del río”

*Chuawg Tzu, Poeta Chino Taoista 250 A.C

Written by justvegetal

febrero 11, 2010 at 12:21 am

Publicado en Ecología

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El Espíritu del Agua

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El Espíritu del Agua

La pasión de Masaru Emoto

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Entre los múltiples libros recientes dedicados al estudio del agua, destaca el trabajo microfotográfico del Dr. Masaru Emoto (22 de Julio, 1943), dedicado a este elemento esencial los últimos 11 años, y cuya amplia difusión a través de varios libros, abarca ya todo el orbe. En él, Emoto, con un título en Relaciones Internacionales (U. M. de Yokohama) y otro en Medicina Alternativa, demuestra iconográficamente cómo el agua reacciona con las más sutiles vibraciones de su entorno, mostrando insospechadas variaciones configurativas visibles en el congelamiento de una gota. Año tras año ha ido expandiendo sus experimentos y revelando evidencia que no sólo nos maravilla, sino que confirma que aún tras el velo químico, eléctrico o físico, el agua sigue siendo un gran misterio.

Muchas expresiones populares y proverbiales se refieren al agua de acuerdo a sus diversas posibilidades percibidas a través de la fe o de la observación de sus efectos: “fuente de vida”, “vital elemento”, “agua viva”, “aguas curativas”, “aguas benditas”, etc., siempre asociadas a la vida, la salud, la curación, la redención. El Dr. Emoto se propuso verificar si existían diferencias cualitativas entre estas diferentes aguas, desde la más corriente y químicamente tratada, de la red pública, hasta aquellas a las que se les atribuye propiedades curativas o milagrosas.

El método de Emoto considera el depósito de una gota del agua a observar en una placa de vidrio, que es congelada a -25º y observada al microscopio para luego fotografiar la forma cristalográfica obtenida. A pesar de que el laboratorio completo se mantiene a 5º bajo cero, el tiempo para tomar las fotografías no excede a los dos minutos, tiempo tras el cual el cristal comienza a deshacerse por el calentamiento producido por la luz del microscopio.

Los resultados obtenidos fueron mucho más lejos de lo que el propio Masaru Emoto podía suponer inicialmente. Descubrió que el agua no sólo reacciona a los agentes físicos, como la temperatura o la sequedad, sino que también a otros mucho más sutiles e intangibles como palabras, sonidos, sentimientos, pensamientos, imágenes, colores, etc., que afectaban la configuración de los cristales obtenidos.

La importancia del agua en nuestro planeta es evidente, pero, ¿tomamos realmente consciencia de ello cada día, a pesar de que nuestra subsistencia depende de ella? Es sabido que el cuerpo humano está constituido por alrededor de un 70% de agua. En los recién nacidos y niños pequeños este porcentaje es mucho mayor aún. Si consideramos que toda esa agua podría estar siendo modificada en su configuración por el efecto de ambientes polutos, palabras duras o agresivas, vibraciones dañinas y el sinnúmero de agentes perturbadores que nos rodean cotidianamente, el efecto potencial resulta casi inimaginable para nuestros cuerpos y sus irradiaciones resultantes, y nuestro bienestar global. Por el contrario, el contacto con la naturaleza, con la buena música, con entornos pacíficos, con sentimientos positivos, contribuyen a limpiar y reorganizar la mayoritaria parte acuosa de nuestra constitución, impidiendo que se establezca un círculo vicioso.

Porque la mayoría de la contaminación que corrompe el agua emana de nosotros mismos, tanto de nuestras emociones y pensamientos negativos como de nuestra indolencia en mantener un entorno y actitudes personales apacibles y limpias en las que permanecer algún tiempo del día, cotidianamente. ¿Es mera coincidencia la proliferación de los centros SPA (salud por agua) en todo el mundo?

El trabajo del Dr. Emoto ha encontrado bastantes reticencias en la comunidad científica, siendo criticado de falta de rigor científico y de la dificultad en reproducir los experimentos en condiciones fijas y establecidas mediante el procedimiento del doble ciego, de modo que el fotógrafo y sus propios sentimientos o estados anímicos no puedan afectar los resultados en una magnitud significativa. Aparentemente, el fotógrafo conoce a qué estuvo expuesta el agua cuyo cristal ahora observa, de modo que se le supone una expectativa que podría influir el resultado. Se lo acusa además de publicar sólo fotos seleccionadas de las múltiples que toma a cada cristal, y en general, de dar pocas explicaciones detalladas acerca de los métodos y procedimientos.

A pesar de estos detractores, válidos, creemos que el Dr. Emoto no es un científico nato, sino más bien un investigador apasionado en busca de evidencia y sentido. Y es innegable que, simbólicamente, las imágenes hablan por sí solas, y aunque puedan existir innumerables errores de método o interpretación, los resultados resultan impactantes y nos impulsan al menos a una detenida reflexión acerca de este elemento que damos por sentado y siempre disponible a granel en nuestro planeta.

El Agua es un elemento fundamental de la naturaleza. En ella surge la vida, tanto a nivel simbólico (“el Espíritu sobre la faz de las aguas”) como a nivel orgánico. Es el elemento en el que la vida no sólo nace, sino que también anida, como ocurre con el líquido amniótico en el que se desarrolla el feto de todos los mamíferos. El agua une los continentes, liga lo dispar, inunda todos los espacios disponibles acomodándose a la forma que lo recibe, siendo el elemento de contacto entre los elementos que le rodean.

Simbólicamente, el elemento agua, tanto en astrología como en psicología, representa a la psiquis, informe y omnipresente en la vida de los individuos, que incluye a las emociones en su octava menor, a los sentimientos en su octava mayor, además del pasado, los recuerdos, la vida arquetípica y simbólica. Cuando cualquier elemento toca el agua, como un guijarro lanzado a un estanque, las ondas se expanden a todo el continente, y del mismo modo las cosas que nos afectan, que nos recorren por completo en ondas de mayor o menor amplitud. Todo aquello que “nos toca” es aquello que tomó contacto con nuestra agua, de aquí la necesidad de su depuración, al ser nuestro principal objeto y elemento de transformación personal. Sólo el agua quieta y transparente puede mostrar sin distorsión el fondo y del mismo modo reflejar el cielo.

Físicamente, el agua tiene cualidades particulares, como que al helarse se expande, incluso antes de cristalizar. Y cuando se encuentra en estado sólido, congelada, se hace más liviana, de modo que flota por sobre el remanente líquido. El estado más denso del agua es el estado líquido. En ocasiones extraordinarias, el agua puede fluir en contra de la gravedad, como en las llamadas aguas artesianas. Gramaticalmente, el agua es una palabra femenina, pero se habla de “el agua” y “las aguas”, comportándose, en este sentido, como andrógina, al menos en español. Todas estas características suscitan evocaciones y provocan asociaciones, al extrapolarlas a lo psíquico. En un sentido más trascendente, el Agua se asocia al Alma como el núcleo de la encarnación. Y el Alma, tal como el agua, conserva la información incorporada por la experiencia, que resulta lo más asombroso del elemento químico. Aún cuando se evapore y desaparezca como forma física, mantiene la información que almacena. Este sería uno de los fundamentos de las aguas curativas.

El congelamiento de una gota de agua pura en condiciones naturales forma un núcleo hexagonal regular, que puede “crecer” o engalanarse con otros atributos según las cualidades del agua que se trate. Curiosamente, el Dr. Emoto no ha podido hasta el momento obtener cristales del agua de mar. De los cristales formados, los más bellos son aquellos formados a partir de agua de vertiente o manantial; por el contrario, las aguas estancadas o polutas pueden producir hexágonos incompletos o aún no cristalizar en absoluto. Sin embargo, los experimentos han mostrado que incluso al agua más contaminada puede incorporársele información que modifique la estructura y vuelva a formar hermosos cristales.

Esta información incorporada puede provenir de las más variadas fuentes como sentimientos positivos, colores, música, piedras preciosas o semipreciosas, la oración, la devoción, etc. Porque la conclusión fundamental de la evidencia mostrada en estos trabajos es que el agua es el elemento más receptivo que existe, lo que ya se sabía desde la antigüedad. Así pues, un agua poluta o “muerta” puede ser revertida en su corrupción.

Los experimentos han mostrado que si bien las peores formas se obtienen a partir de las aguas pantanosas o estancadas, las que difícilmente forman cristales, el agua clorada de la red pública tampoco produce formas bellas, y muchas veces los cristales no resultan completos o regulares. Las formas más hermosas, delicadas y llenas de detalles que maravillarían a un experto joyero, se producen en forma natural a partir de agua tomada de vertientes o manantiales.

Ante estas imágenes cualquier explicación sobra, y sin embargo, el misterio se mantiene. Emoto ha mostrado que el contacto del agua con elementos tan simples como la palabra “gracias”, o “amor” podía transformar los cristales obtenidos. Se ha observado que las fases lunares influyen la formación de los cristales, al igual que la posición de los planetas cercanos. Curiosamente, los resultados no son iguales si las palabras son dichas o mostradas en un idioma que en otro. La exposición del agua a cierta música, a ciertos colores, o incluso fotos de paisajes, también modificaría positivamente los cristales resultantes. Del mismo modo, la agresividad o la violencia era capaz de suprimir la capacidad de cristalizar, como se vio en las experiencias de exponer al agua a los insultos o a la música heavy metal.

Podemos ir constatando los efectos de nuestro lenguaje cotidiano sobre el 70% que nos constituye. Por más sesgo que pueda haber en los experimentos, hay efectos constatables. No sólo las palabras duras que decimos a otros, sino las que nos decimos constantemente a nosotros mismos cuando las cosas no salen como esperábamos, y que nos predisponen a establecer círculos viciosos repetitivos. Sólo imaginemos las configuraciones que podría adquirir nuestra agua personal frente a las formas en las que nos castigamos a diario por no ser perfectos. Tanto en el caso de la influencia negativa como de la positiva sobre el agua, tal vez no sean las palabras las que agreguen atributos al sencillo hexágono basal, sino la intención ofensiva o amorosa de quien las escribe o emite. Es decir, el agua personal de quien ejecuta la acción en contacto con la gota observada, en cuyo caso el resultado sería tanto o más impresionante. El hecho de que los resultados no puedan ser reproducidos en forma exacta, esto es, que no puedan establecerse mecánicamente situaciones iguales, resulta mucho más sugerente desde el punto de vista del significado, aunque carezcan de “rigor científico”.

La memoria del agua
Es universalmente conocido que la molécula de agua se forma de dos átomos de hidrógeno, de carga eléctrica positiva, y uno de oxígeno de carga negativa. Esta molécula no es regular ni simétrica, presentando un polo positivo y uno negativo; de esta forma se une a otras moléculas de agua mediante puentes de hidrógeno, formando agregados moleculares de más o menos magnitud denominados “cluster”. Aparentemente, esta forma de “agregarse” de las distintas moléculas individuales es la que varía de acuerdo a la información o vibración circundante (ya que la molécula inicial es siempre igual), y de este modo se conservaría la información. El cluster producido en determinadas circunstancias ambientales se seguiría agregando de forma similar aún cuando fuera evaporada y luego condensada en un nuevo matraz. Cada vibración induciría una forma de agregarse distinta de las moléculas, conservando en el tiempo esa vibración específica producto de esa agregación, la que constituye su estado energético, medible en forma de frecuencias vibratorias.

Esta es la base de la Homeopatía fundada por el intuitivo Dr. S. Hahnemann (1755-1843), quien obtenía productos activos sobre la base de una dilución tan exhaustiva de los productos, que no podía encontrarse rastro de ellos en el resultado final, lo que evidentemente desafiaba a la medicina convencional. Lo que Hahnemann hacía era recoger sólo la información del producto y “almacenarla” vibracionalmente en el agua, actuando así a un nivel completamente esencial sobre la enfermedad, y libre de los efectos adversos de los medicamentos que mantienen los productos químicos en forma directa.

Principios similares de esencialidad guían las terapias florales como las del Dr. E. Bach y otras como las de Findhorn que ni siquiera cosechan las flores o plantas curativas, sino que sólo exponen el agua de manantial a su influjo bajo la luz del sol o de la luna. En estas medicinas no se hace diferencia entre la salud del cuerpo y la del alma, y tanto la jaqueca como la melancolía pueden encontrar su tratamiento y cura. Si asociamos esta medicina esencial a las fotografías del Dr. Emoto, encontraremos completa coherencia en estos fundamentos.

Esta memoria del agua sería la que aporta las cualidades curativas a ciertas aguas termales y fuentes naturales conocidas desde la antigüedad en todos los rincones del orbe. Es sabido que muchos lugares de culto y veneración religiosa, o de aparición de figuras sagradas, se asocian al surgimiento de fuentes de aguas, vertientes y manantiales. Existen leyendas asociadas a estas fuentes en todos los continentes. Aparentemente, las cualidades curativas estarían determinadas por dos factores. Por una parte, a que se trataría de aguas profundas, y por lo tanto muy antiguas, que contendrían una gran cantidad de información en sus clusters. Y por otra parte, la cualidad observada de estas aguas, que aún en contacto con entornos polutos o substancias contaminantes, no dejarían de formar cristales al ser congeladas. Es decir, en cierta forma, aguas tan antiguas y “sabias”, que resultarían incorruptibles.

Pero el misterio persiste. ¿Cuál sería la influencia de la fe? ¿De la intención? ¿Habría una alimentación recíproca de “anhelos”? ¿Hasta qué punto el observador modifica o crea lo observado, o es modificado por la observación, al encontrar un nuevo sentido, una nueva comprensión, una esperanza? Parece plausible suponer una interacción con efectos mutuos.

En la creación, la forma es producto de la resistencia al impulso inicial, creador. Si no hubiera resistencia, el impulso original seguiría un curso lineal hasta el agotamiento de su energía propulsora, como el lanzamiento de una saeta sin destino. En un curso de agua, el fluido adquiere forma de la misma manera, al encontrar una resistencia, como por ejemplo, una roca; entonces se vuelve sobre sí misma y forma una turbulencia o un remolino. Y esto aporta ‘experiencia’ al agua, dotándola de nueva información. Lo mismo le ocurre a nuestra agua: cuando no hay resistencia, no hay aprendizaje, y poca consciencia. Obsérvese la diferencia entre el hexágono básico de un agua destilada, y los hermosos cristales del agua de manantial, que constituyen su ‘valor agregado’. Dice el físico Fred A. Wolf que en el caso del cerebro, el agua misma –que es su 85%- constituye una resistencia a los impulsos eléctricos, más sutiles: “esto podría significar que nuestros cerebros no podrían funcionar sin agua como instrumentos de memoria, y que la consciencia no tendría lugar sin la resistencia que presenta el agua a la actividad eléctrica del cerebro” (La Mente en la Materia, pág. 152, Gaia Edic., Madrid, 2006). La reflexión sobre estos datos suscita una serie de sugerencias y evocaciones inconmensurables para nuestra consciencia y vida humanas.

El sacerdote Jürgen Fliege, coautor de uno de los libros del Dr. Emoto ( El Poder Curativo del Agua, Ed. Obelisco, Barcelona, 2006) y entusiasta difusor de esta nueva forma de comprender el agua, se inquiere: “¿Qué es un bautismo sin agua? ¿Dónde está el hombre nuevo si no limpiamos al viejo? ¿Cómo es que no nos hemos dado cuenta de la importancia del agua, de cuán santa y santificativa es? ¿Dónde quedan el respeto y el honor al agua? Los grandes maestros ya enseñaban que la bendición y el sacramento sólo se realizan donde el verbo se concurre con el agua.” Cita a Lutero: “‘ El verbo debe concurrir con el elemento para convertirse en un sacramento’, un acto santo, purificador… “

“Cuando el espíritu se reúne con el agua de la vida, se vence el caos y empieza la creación. Sin embargo, nosotros, los religiosos, sólo cuidábamos el espíritu, despreciando el agua… ¿Qué fuerza tiene el agua?, y ¿qué misterio nos oculta? Esta no es sólo una cuestión de los físicos y médicos. En el fondo es una cuestión espiritual, porque en las ceremonias de los sacerdotes el agua ha sido desde el principio algo más que un ayudante y mensajero entre el cielo y la tierra. En lo religioso y espiritual, el agua es la madre de todo chamanismo. Desde los inicios de la creación, el agua dispone su viaje al cielo, aparentemente imposible para el simple mortal. Allí informa de las nuevas de la Tierra y sus hijos, como si fuera un chamán o un sacerdote, regresa y trae consigo nueva vida. Otra vez en la Tierra y dentro de ella, es recibida en el manantial por los sacerdotes, que perciben la nueva vida y lo que conlleva. No en vano construyeron sus primeros santuarios junto a los manantiales. En el fondo, el circuito de la vida siempre ha sido el circuito del agua.” Y agrega: (Las lágrimas) “no sólo aparecen cuando estoy triste, también brotan cuando he conectado con el flujo de mi propia vida. Las lágrimas son el agua amniótica de una nueva vida. La vida también bautiza sin sacerdote; sólo importa que haya agua”.

Masaru Emoto añade: “En el budismo y en el sintoísmo, las dos religiones que han marcado nuestra manera de pensar en Japón, la idea de reencarnación es totalmente natural. Esta representación de una evolución cíclica, este pensamiento en espiral, corresponde también al viaje de una gota de agua. Una gota fluye de manera líquida, se evapora y así cambia de forma. Sigue siendo agua, pero no la misma agua que antes. Sin embargo, tanto la información como todo el saber que nos transmite se conservan perfectamente cuando congelamos agua. La evaporación corresponde, podríamos decir, a la muerte: nuestro cuerpo se deshace, cambiamos de forma. La información que ha recibido el alma, todo lo que hemos vivido y aprendido es conservado. Ahora, mi alma comienza su propio viaje, continúa desarrollándose y madurando hasta que llegue el momento de reencarnarse en esta Tierra.”

A consecuencia de sus observaciones, Emoto está convencido de que cada pensamiento, sentimiento, palabra y acto nuestro emite una vibración que afecta a nuestro entorno, y en particular al agua, y por tanto es posible ejercer una influencia positiva y depuradora en nuestro entorno y en nosotros mismos, contribuyendo a purificar todo lo que nosotros mismos hemos contaminado. Con este propósito, ha declarado al 25 de Julio como el “día mundial del amor y de la gratitud al agua”, el que puede hacerse extensivo a los días 25 de cada mes, de modo de reunir las buenas intenciones y plegarias dirigiendo pensamientos amorosos y de gratitud al agua en el estilo y la forma que cada cual prefiera: oraciones de la religión de cada uno, visualizaciones de luz y/o amor derramándose sobre las aguas, etc. Para potenciar el efecto, propone hacerlo en tres horarios: 7, 13 y 19 hrs. del horario local, en ese día. La idea es de doble efecto, pues mientras se contribuye a depurar las aguas planetarias, se purifican al mismo tiempo las propias aguas, al experimentar estos sentimientos positivos.

Isabel De Veer

Cataratas de Iguazú entre Argentina y Brasil

Cataratas de Iguazú entre Brasil y Argentina

Written by justvegetal

agosto 12, 2009 at 8:09 pm

Piensa Como Una Montaña

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lago_entre_montanasPiensa Como Una Montaña

http://www.alcione.cl/nuevo/index.php?object_id=823

Antropocentrismo o chauvinismo humano – la idea que los seres humanos son la cumbre de la creación, el origen de todos los valores, la medida de todas las cosas – está profundamente absorbida en nuestra cultura y conocimiento.

“Y el temor de ti y el terror de ti estará sobre toda bestia de la tierra,
y sobre toda ave del aire, y sobre todo lo que se mueve sobre la tierra,
y sobre todos los peces del mar; en tus manos son librados”. (Génesis 9:2)

Cuando los humanos finalmente comienzan a ver a través de las capas de su antropocéntrica autoestima comienza a tener lugar un profundo cambio en sus consciencias. Algunas veces el resultado ha sido nominado como “ecología profunda”, un término acuñado por el filósofo y eco-activista noruego Arne Naess.

Cuando abrazamos este punto de vista, la alienación disminuye. El humano deja de ser un extraño, un ser aparte. La humanidad es entonces reconocida meramente como el más reciente estado de nuestra existencia, y en la medida en que dejamos de identificarnos exclusivamente con este capítulo de nuestra evolución, comenzamos a tomar contacto con nosotros como mamíferos, como vertebrados, como una especie sólo recientemente emergida del bosque lluvioso. A medida que la niebla de la amnesia se dispersa, hay una transformación en nuestra relación con las otras especies y en nuestro compromiso por cuidar de ellas.

Lo que aquí se describe no debería ser visto como puramente intelectual. El intelecto es un punto de entrada al proceso delineado y el más fácil para comunicarlo. Para alguna gente, sin embargo, este cambio de perspectiva resulta de accciones en representación de la Madre Tierra.

“Yo estoy protegiendo el bosque lluvioso” se transforma en “Yo soy parte del bosque y me estoy protegiendo a mí mismo. Soy esa parte del bosque lluvioso recientemente emergida al pensamiento”. Este cambio de perspectiva es más espiritual que intelectual.

Con esta nueva perspectiva de la creación, comenzamos a recordar nuestra verdadera naturaleza. A medida que la memoria mejora y que las implicaciones de la evolución y de la ecología son internalizadas y reemplazan anticuadas estructuras antropocéntricas en la mente, comenzamos a identificarnos con toda vida. De ahí resulta el darse cuenta de que la distinción entre “vida” y “sin vida” es una construcción humana. Cada átomo del cuerpo humano existía antes que la vida orgánica existiera hace cuatro mil mil millones de años. Uno podría incluso recordar sus existencias previas como mineral, como lava, como roca.

Las rocas contienen el potencial para combinarse en un bulto como este cuerpo. Somos las rocas danzando. ¿Porqué las miramos hacia abajo con ese aire condescendiente? Son ellas las que son la parte inmortal de nosotros.

Si nos embarcamos en tal viaje interior podemos encontrar, volviendo a la realidad consensual, que nuestras acciones en representación del medio ambiente son purificadas y fortalecidas por la experiencia.

Hemos encontrado aquí un nivel de nuestro ser que ni las polillas, ni el moho, ni el holocausto nuclear, o la destrucción de los bancos de genes, pueden corromper. Nuestro compromiso para salvar el mundo no es disminuido por esta nueva perspectiva, aún cuando el miedo y la ansiedad que eran parte de nuestra motivación comienzan a disiparse y a ser reemplazado por cierto desinterés. No actuamos solamente porque la vida está en juego, sino porque las acciones desde una consciencia desinteresada y más desapegada son más efectivas. Este desinterés o desapego tienen mucho en común con la meditación. Y puesto que la mayoría de los activistas no tiene mucho tiempo para meditar, esta perspectiva comienza a ser un sustituto efectivo. De hecho, más y más maestros de meditación están abrazando la “ecología profunda”.

Según Naess, “la esencia de la ecología profunda es hacer preguntas más profundas…. Nos preguntamos cuál sociedad, cuál educación, cuál forma de religión es beneficiosa para toda vida sobre el planeta como una totalidad”.

De todas las especies que alguna vez han existido, se estima que menos de una en cien existe hoy en día. El resto llegó a extinguirse porque, a medida que el medio ambiente cambia, toda especie que es incapaz de adaptarse, de cambiar, de evolucionar se extingue. Toda evolución tiene lugar en esta forma. De esta manera nuestro antecesor, un pez hambriento de oxígeno, empezó a colonizar la tierra. La amenaza de extinción es la mano del alfarero que modela todas las formas de vida.

La especie humana es una entre millones amenazada de inminente extinción a través de la guerra nuclear, el efecto invernadero, la destrucción de la capa de ozono, y otros cambios ambientales. Y mientras es cierto que la “naturaleza humana”, revelada por 12.000 años de historia escrita, no ofrece mucha esperanza de que podamos cambiar nuestras guerras codiciosas e ignorantes conductas, la extensamente más larga historia de los fósiles nos asegura que podemos. Somos ese pez y las miríadas de otros desafíos de la muerte a través de proezas de flexibilidad que nos son reveladas por el estudio de la evolución. A pesar de lo reciente de nuestra “humanidad”, se nos garantiza una cierta confianza.

Desde este punto de vista, la amenaza de extinción aparece como la invitación al cambio, a evolucionar. Después de un breve respiro desde la mano del alfarero, estamos aquí de vuelta otra vez sobre la rueda. El cambio que se necesita de nosotros esta vez no es alguna resistencia a la radiación, sino un cambio en la consciencia. La ecología profunda es la búsqueda de esa consciencia.

Seguramente la consciencia emergió y evolucionó de acuerdo a las mismas leyes que rigen todo lo demás, moldeada por presiones del medio ambiente. En el pasado reciente, cuando fue enfrentada a la intolerable presión ambiental, la mente de nuestros antecesores debe haber sido una y otra vez forzada a trascenderse a sí misma.

Para sobrevivir a nuestra actual crisis medioambiental, debemos recordar conscientemente nuestra herencia evolucionista y ecológica. Debemos aprender de acuerdo con Arne Naess a pensar como una montaña.

Si estamos abiertos a desarrollar una nueva consciencia, debemos hacer frente plenamente a nuestra inminente extinción (la última presión medioambiental). Jonathan Schell explica bellamente esto en su libro “El Destino de la Tierra”. Significa reconocer la parte de nosotros que se desvía de la verdad y se oculta en la intoxicación o en la hiperactividad, para no ver la desesperación de la especie humana que ya corrió su carrera de cuatro mil millones de años y cuya vida orgánica está sólo a un pelo de terminar.

Una perspectiva biocéntrica, el darnos cuenta que las rocas quieren danzar y que las raíces penetran más profundo que cuatro mil millones de años, puede darnos el coraje para enfrentar la desesperación y penetrar hacia una consciencia más viable, una que sea sostenible y armónica con la vida otra vez.

John Seed

Traducido y extractado por Carmen Bustos de
John Seed.- Thinking Like a Mountain.-Heritic Books

Written by justvegetal

julio 22, 2009 at 10:48 am